miércoles, 20 de marzo de 2013

YA LAS LLUVIAS NOS AHOGAN


Deseamos siempre las lluvias, pero ya nos están ahogando, sobre todo, en la campiña de Córdoba donde hace tiempo en que no se puede entrar, donde la hierba ya esconde a los olivos, pequeños en aquella zona y donde la situación, en general, se está acercando, con la destrucción de balsas y caminos, a llegar a ser catastrófica.
Y a todas nuestras procupaciones, enfrentados, como también estamos, a la bajada del aceite y a su poca demanda en el mercado, se añade la imposibilidad de trabajar en estos campos andaluces, poder curarlos contra el repilo amenazante y luchar contra las malas hierbas.
Precisamente, buscando precios asequibles de herbicidas y fungicidas,  recibí el otro día una oferta de un conocido con un precio aceptable. Me apremió a tomar una decisión por la ventaja de ese precio, pero pude comprobar, gracias al número de  registro facilitado por internet, que un producto seleccionado por mí caducaba en 2012.
Nunca me había pasado una cosa así. Hemos llegado a un punto en el que no podemos fiarnos ni de conocidos ni de amigos. Tampoco podamos ya mirar al cielo y esperar la lluvia.
Pero los registros están ahí y los olivos aún permanecen alimentados con nuestra fuerza y nuestro coraje, no sólo por estas lluvias que ahora los golpean.       

domingo, 10 de marzo de 2013

LLUVIA Y SIEMPRE LOS MISMOS PROBLEMAS

Como todos vosotros he dedicado muchas horas en estos últimos días a analizar y valorar el resultado de la  acabada campaña, comprobando ya con números, estadísticas y balances que estoy entre los agricultores que no han podido alcanzar, ni en kilos ni en rendimiento, más del 50% de los conseguidos en la campaña anterior.
Y también, como a vosotros, se me ha presentado el problema de afrontar el gasto de la tala y de la cura de primavera, siendo, sobre todo, consciente de la necesidad del uso del cobre en este año tan lluvioso y con la experiencia del anterior cuando, al no utilizarlo con generosidad por una necesidad más imperiosa de ahorro, muchos de mis olivos me han respondido con una falta absoluta de producción.
Después de muchas investigaciones, búsquedas y confrontación de precios estoy talando y he preparado una pequeña cura con buen cobre y poco abono y aminoácidos.
No quiero que mis árboles me vuelvan a culpar por su falta de cuidados y, aunque tenga que privarme yo de más cosas, serán atendidos por mí con el cariño y desvelo que acostumbro con mis hijos. Espero que, como ellos, mis olivos sepan agradecer mi esfuerzo, nuestro esfuerzo.
Y espero también que ya la lluvia, que es siempre nuestra amiga y, a veces también,  nuestra enemiga, nos deje curarlos, movernos por la tierra con nuestros tractores y vehículos con seguridad y no como tuve que hacerlo el otro día por la campiña cordobesa donde me sentí, atravesando barrancos y caminos en forma de lagunas, mares y hasta oceanos como un Indiana Jones al que, en vez de unos cocodrilos, le seguian unos perros fieles, asombrados de las hazañas de su dueño.
Y fue así como pude ver por aquellas tierras unos olivos que empezaban a secarse por exceso de agua, olivos que, incluso con la cura programada, no se recuperarán  si no los calienta pronto un buen sol. 
De la misma manera, pude ver por la misma campiña trigo anegado, seco o bien espigado pero  lleno de una hierba nociva pero incurable, por la imposibilidad de entrar en el con la maquinaria.
Pero sigo aquí, siempre con la misma cantinela, siempre con la misma esperanza, no pensando nunca en vender unas tierras que me vieron nacer, que me educaron y me darán cobijo y que ahora, muchas de ellas de mis vecinos y amigos, por  nuestra dificultad en mantenerlas, están pasando a esos empresarios enriquecidos en otros sectores, que no conocen el campo y que solo quieren enriquecerse y negociar con ellas de cualquier forma.
Los agricultores de profesión y de vocación estaremos ahí siempre y como los viejos rockeros no podremos morir nunca, aunque lloremos siempre el mismo llanto, cantemos la misma canción y sostengamos imperturbables la misma ilusión que nos resucita, que cada día me resucita.     

jueves, 14 de febrero de 2013

SIGUE EL ESCÁNDALO


Todos estamos al corriente del escándalo de la carne de caballo.
Estalló en Irlanda, el 14 de enero. Unas pruebas rutinarias de la Autoridad de Sanidad Alimentaria hallaron carne de equino en hamburguesas congeladas, producidas por empresas en Irlanda y Reino Unido y vendidas en  cadenas de supermercados.
Las preocupaciones crecieron la semana pasada cuando la filial británica de alimentos congelados, FINDUS, comenzó a retirar paquetes de lasaña congelada de carne de vacuno. Las pruebas realizadas mostraron que, hasta el 100%, de la carne de este producto era de caballo.
El miércoles el escándalo llegó a Alemania, encontrándose también trazas de caballo en vez de ternera en lasañas congeladas.
Muchos consumidores de países europeos, como Francia, Italia y Bélgica aprecian la carne de caballo como alimento, pero, en estos días también, se ha hallado un antibiótico nocivo en carne de caballo, retirada de la distribución antes de llegar al cosumo.
Todo este fraude, guiado, com otras veces, por el afán de enriquecimiento, afecta a la integridad de la cadena alimentaria.
Así el comisario de Salud de la UE, Tonio Borg, ha manifestado que la Comisión acelerará el trabajo sobre posibles cambios en las normas de etiquetado europeas que obliguen a las empresas a indicar, entre otras cosas, el país de origen en productos de carne procesada.
Ojalá Europa, a raíz de este escándalo, endurezca sus controles, unos justos controles, que lleguen clara y rapidamente al aceite de oliva. Lo que muchos de nosotros estamos queriendo y persiguiendo.
Y, aunque las autoridades de la UE han advertido, en privado, que la complejidad de las cadenas de suministro haría casi imposible aplicar esas normas, estoy segura que yo, y espero que muchos, todos nosotros, sigamos empujando y empujando, hasta que alcancemos nuestro firme objetivo de que nuestro aceite se identifique  por su calidad y su origen.
Tiene que  llegar ya, por fin, la hora de la honestidad. 

domingo, 10 de febrero de 2013

LA CAMPAÑA HA TERMINADO

Practicamente todos los olivareros hemos acabado nuestra campaña. Las cooperativas y almazaras están  cerradas y las pocas que quedan abiertas lo harán el lunes o a lo largo de la próxima semana.
Ha sido para todos la peor cosecha de los últimos años. Incluso yo que, veía a muchos olivos cargados de fruto, he sido decepcionada por los resultados. Y es un hecho que, en Jaén, se ha recolectado un 80% menos que en la campaña anterior, como nos habían anunciado y sabiamos.
Con todo, curiosamente, me puedo sentir satisfecha, porque gracias a los olivos que tengo más olvidados en Córdoba, el montante total de mi recogida es sólo el 50% menos que el del año anterior.
Nuestro consuelo sería, empezó a serlo, la subida del precio del aceite que sigue estancado. Aunque no es un consuelo en el que podamos confiar con la situación económica de nuestro país y el bosillo de sus compradores que están ya desviando su consumo a aceites más baratos que el nuestro, sin importarles calidad ni caracteristicas organolépticas o saludables.
Pero no por eso, ni por el nuevo presupuesto europeo, que destina a Andalucía 5.131millones menos, lo que supone un recorte del 13%, con 312 millones en las ayudas agrícolas - cifra que, incluso, se considera buena por inesperada- he dejado de moverme. Lo he hecho con más entusiasmo y fuerza. La fuerza que me dan siempre mis olivos, nuestros olivos que ahora están contentos y me sonrien, nos sonrien con la lluvia aún sobre sus hojas y los cuidados, que con esfuerzo y sacrificio ya hemos empezado a proporcionarles.
Y así el jueves pasado me reuní con todos los socios de la API a la que pertenezco. Les expuse mis ideas, que ya conoceis, de comercializar nuestro buen aceite de máxima calidad por nosotros mismos.
En principio, sería una comercialización via on line y de pequeña cantidad - nadie se puede permitir en estos tiempos grandes desembolsos- en almazaras de los propios socios, situadas en diferentes puntos geográficos, para que cada productor pueda llevar su aceituna al lugar que más le convenga por proximidad o coste de molturación. Se cuidaría extremadamente el etiquetado y el envasado y se intentaría dar un valor añadido a las ventas con planificación de visitas turísticas a nuestra zona, para dar a conocer nuestro paisaje, nuestros campos, con su asombroso mar de olivos, nuestros molinos, nuestras costumbres y, por supuesto, nuestra excelente gastronomía.
Y no nos limitaríamos en un futuro, que espero que sea próximo, a la venta de aceite en nuesto país, si no que, siguiendo las repetidas y ya cansinas recomendaciones de todos los dirigentes políticos, saldríamos al extranjero con gente dispuesta a trabajar, que no se asusta del cansancio y no busca el enriquecimiento rápido y a costa del engaño.
Quizá, si necesitaramos más gente y gente que realmente ama a los olivos, ver su nombre y su producto y su sabor admirados por todo el mundo, convocaríamos una asamblea en ASAJA- CÓRDOBA para discutir estos temas. De todas formas, no queremos muchos productores implicados en el proyecto. Pocos, bien unidos y compartiendo las mismas dificultades y preocupaciones y, si los hay, algún éxito.
Frente a esto, me han hecho sonreir las palabras de ayer del Presidente provincial del P.P. de Jaén, explicando la campaña que va a poner en marcha este partido en la provincia en defensa del campo jienense y de su olivar y cuyo lema será: "El P.P. CUMPLE, EL PSOE MIENTE".
No es esta la gente que yo busco. Os busco a vosotros que, como yo, amamos los olivos, los  miramos los todos los días, los alimentamos con nuestra presencia y nuestras palabras y no los venderiamos ni los traicionariamos por ningún oro del mundo ni por las más seductoras promesas. Que ellos y su producto reluzcan es lo único que pedimos y buscamos.  

jueves, 24 de enero de 2013

LA CAMPAÑA NO TERMINA

Este año la campaña está siendo difícil. Poca aceituna, bajos rendimientos y ahora las incesantes lluvias y los fuertes vientos que han echado al suelo el poco fruto de los árboles.
La subida del precio fue un hecho, pero se ha estancado y no se han alcanzado los 3,00 euros esperados. Sólo se consiguen, con dificultad, esas soñadas 500 pesetas en un cobro aplazado para Marzo o Abril.
Mientras tanto hay que pagar jornales, seguros sociales, gasoil, algún abono en la esperanza de la gran cosecha del año que viene, teniendo enfrente al gran fantasma de los créditos o pólizas bancarias, que cada día nos asustan más, al estacamiento de los precios de la aceituna y a la subida de los imputs.
En la liquidación de la cosecha pasada muchos olivareros han sufrido "trampas", como las que yo misma he sufrido, aplicándose a la mayoría del aceite molturado el precio más barato, con la excusa de que no había contrato escrito y firmado con el acuerdo al que se había llegado de palabra.
A otro productor, pariente mío, han dejado de pagarle por falta de recursos, estando a la espera de una cierta venta de la almazara para poder cobrar.
El contrato de acuerdos para venta de aceituna hay que hacerlos siempre y con todo el mundo por escrito, aunque se crea, como me ha pasado a mí en este caso, que es gente conocida y que han actuado durante años regularmente.
Y, para terminar, todos tememos, más en estos últimos días, el robo de aceituna que ha sido abundante  en esta campaña y ha afectado a a vecinos y amigos.
Pero no quiero nunca sentirme desanimada y dispuesta a abandonar nuestra batalla. Las dificultades hacen más fuerte y todos nos estamos dando cuenta que estamos en una empresa donde tiene que respandecer la honradez, el buen hacer y la decencia, porque la tierra está siempre ahí y es la única que nos sostiene y nos sostendrá aquí y en el más allá.