martes, 6 de marzo de 2012

EL ALMACENAMIENTO PERDIDO

El almacenamiento privado ya se ha resuelto y los olivicultores estamos, en la inmensa mayoría, disgustados, asqueados, avergonzados con esa vergüenza ajena que es la difícil de soportar. Y no quiero añadir más adjetivos que no servirían para definir fielmente el estado en que estamos y, además. serían demasiado fuertes para poder escribirlos.
Ha sido HOJIBLANCA y su presidente Antonio Luque los únicos que se han conseguido aprovechar ese almacenamiento que muchos esperabamos como la lucecita salvadora de los niños perdidos en el bosque de los cuentos que leíamos en nuestra infancia.
Eso sí, ha sido todo muy legal, muy limpio y judicialmente muy correcto. Pero al  poder ofrecer en la subasta 0,65 céntimos de euro se ha podido también quedar practicamente con el 93% de lo concedido por Bruselas. Nadie hemos podido competir con esos precios a la baja que conviene a una empresa que va floreciendo y sacando cada día más ganancias con una expansión casi única de nuestro aceite en nuestro país y en el extranjero.
Tengo que decir también que yo admiro a su presidente que de la nada ha montado un gran imperio  del que, por su buena publicidad y marketing, se conocen y se reclaman sus productos, productos que no sólo salen de nuestra tierra y presidente que no tiene en cuenta que somos muchos los olivareros que, andaluces como él, no podemos competir con su gigante que nos aplasta y nos devora.
Las organizaciones agrarias van a solicitar un nuevo almacenamiento privado, ya que, al haberse pagado un precio tan bajo por la mayor cantidad de este, queda dinero del ofrecido por la Comunidad.
Pero ya todos tememos que vuelva a ocurrir lo mismo: que no podamos competir, que no podamos arriesgarnos con precios tan bajos y ya todos tenemos claro también que no hay unión en nuestro sector, que hay dos bandos, enfrentados y en lucha. Los grandes que distribuyen y mandan, y los pequeños productores que nos dejamos manipular por ellos, que no sabemos unirnos y nos hemos siempre sometido a ellos.
Pero esta vez no en silencio ni con la mirada baja y perdida. El almacenamiento lo hemos perdido. Nuestra vergüenza no.    

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